Domingos Impares #74
Antídoto

Estoy protegida, bajo techo, con las estufas, la música, la radio, creando algo, corriendo con tareas diarias, tomando mates entremedio. Estoy en casa, acobijada y agradecida. La música suena más fuerte y mis oídos la rechazan un poco. Las pantallas encandilan y el tiempo se disminuye. Todo se vuelve apretado. Hace calor y me doy cuenta de que algo en el pecho está por implosionar.
Activo el antídoto: soltar el mate, cerrar la computadora, ponerme la campera, abrir la puerta y salir. Cada paso dado hacia la calle de mi casa es como un botón apretándose una y otra vez para bajar el volumen de la cabeza pronunciando frases aleatorias, continuamente, hasta que solo se escucha el sonido de la tierra al golpe de mis pies.
El recorrido es el mismo, el que está a mano, porque aquí, donde vivo, no hay cuadras ni muchas calles que se entrelacen, como en la ciudad, de manera de poder elegir diferentes caminos cada vez. Sin embargo, siempre es sorprendente tener las mismas vistas con diferentes estados, colores y ánimos.
Ahí estoy, reflejada: en las hojas secas, en el sol que hace fuerza en medio del aire helado, en la perspectiva desde lo alto de la montaña, sintiendo admiración, encanto e intimidación a la vez.
Me busco, me encuentro, me reconcilio. Este entorno, me doy cuenta, apretuja y cobija, aun con el frío, aun en silencio, humildemente.
Si llegaste hasta aquí, ¡Gracias!
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Hasta el próximo Domingo Impar 🙂