Domingos Impares #81
Corazón arriba

La pelota gigante sobre la que me siento a trabajar es blanda y amable. Es un sostén móvil. Me permite bailar con la cintura, dar saltitos, hacer círculos con las piernas abrazando el perímetro. A veces levanto los pies del suelo y la aprieto con las rodillas: pretendo volar.
Me deslizo sobre ella, mirando hacia el cielo, estiro los brazos hacia mi cabeza y mi espalda se arquea en contra de su tendencia. Se abre el pecho. Me siento quebrar, primero, y luego llega la bocanada de aire sin obstáculos. Qué alivio.
La vista está invertida y mi corazón se ofrece al cielo. Lo que veo no es más que otra perspectiva, entonces me acuerdo de que eso es posible y es algo bueno. También se ve lindo. Otra vez, qué tranquilidad.
Ruedo junto con la pelota para volver a mis pies sobre la tierra. Me quedo sentada en el piso y me reencuentro con mi gata que me mira con determinación. Yo ya sé, es hora de comer.
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Hasta el próximo Domingo Impar 🙂