Domingos Impares #79
Un verde distinto

Me desperté luego de ocho horas de sueño, lo cual agradezco, y miré hacia la ventana. No llueve, como habían anunciado. La vista hacia el cielo, junto con la punta del árbol enorme e invernal que está en la entrada de la casa, me recuerdan que estoy aquí. Qué suerte.
Me quedé un rato largo mirando ese cuadro, porque además el cuerpo pedía un poco más de ese calor uteriano de la cama. Repasé algunos sueños fugaces que tuve, me pregunté dónde estaría si no fuese La Cumbre, y miré hacia atrás recordando una gran mudanza, hace tan solo pocos meses atrás. Las últimas veces de tantas cosas que regalé, vendí, y espacios que habité.
La discontinuidad es una compañera silenciosa. En medio de una vorágine de cambio, no aparece hasta que una está desplegada en el nuevo puesto de la vida. Muchas veces sí, pero ¿cuántas otras más, que no sabemos, son la última vez?
Por eso me encanta mirar el árbol pelado, marrón, y saber que en pocas semanas, mañana a mañana, voy a ver su follaje crecer hacia un verde nuevo, distinto al del año pasado, distinto al del año que viene.
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Hasta el próximo Domingo Impar 🙂