Domingos Impares #73
El calor, el calor

Saborear un trago caliente de un té matutino y sostener la taza con las dos manos, aferrandome a ese calor concentrado y pequeño, como si fuese a durar para siempre. Un rayo de sol, la infusión humeante, un pañuelo en el cuello: porciones de calor que valoro repentinamente.
No me gusta el frío, como no me gustan muchas cosas. En un clima serrano, la supervivencia implica capas de más ropas y la búsqueda constante del fuego que calme e ilumine. El rebusque por la experiencia mullida, de piel gruesa y resistente. ¿Cuándo no, en verdad?
Sustracción. El movimiento, las ramas de los árboles, la paleta de colores, las temperaturas, los sonidos: nos volvemos minimalistas. El habla se torna hacia dentro y la reflexión asume su rol, es tiempo de avivar el fuego interno.
El frío también conserva y prolonga la vida de algunas cosas, como el alimento, lo que nutre. Si es así, quisiera pensarlo como una forma de vitalidad.
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Hasta el próximo Domingo Impar 🙂