Domingos Impares #78
Prender un fuego

Hice un movimiento: puse la mesa de comer en medio de la sala. Quería probar no estar arrinconada y, en cambio, recibir, desde muchos ángulos, la luz y la posibilidad de mirar alrededor.
Como un cuerpo vivo, es como si hubiese reacomodado los órganos de mi casa y algo se hubiese ablandado. Una respiración profunda, infinita, no hay fondo. Los recovecos limpios, el calor que recorre.
Un centro de mesa con flores, una vela y cáscaras de naranja. Son ofrendas para una primavera lejana y latente, deseada y esperada. El pabilo encendido me recuerda a la Virgencita del Valle y la plegaria de mi abuela.
Por alguna razón, me nace renovar el aire. Entonces corro las cortinas y abro las ventanas, pese al frío crudo. La luz es resplandeciente, y el aire con ímpetu vuela algunos pétalos, desprende los aromas dulces y, extrañamente y a pesar de todo, la llama se alardea resistente y vigorosa.
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Hasta el próximo Domingo Impar 🙂