Domingos Impares #53
Planos monumentales

Me la paso imaginandome en lugares. En el que estoy, en el que estuve, en el que voy a estar, y en el que quiero estar. Extraño aquellos que nunca pensé añorar, y temo de los que me atrapan sin que yo les pida.
Camino hacia el encuentro diario con la montaña. El sonido de tierra seca y las piedras pisadas me recuerdan el lugar en donde estoy. Nunca había transitado tanto las calles de tierra. Cuando llego a destino, el monte me sorprende con su paisaje: es un mar, uno reciente, el de Buzios, donde pasé unos 5 meses fugaces, no hace mucho y a la vez hace mil años. Ya ni sé cómo se mide el tiempo. Congelo el recuerdo con los ojos cerrados, mientras tomo sol en un día de noviembre en la playa Tartaruga, la más cercana, mi patio monumental, al igual que la montaña hoy.
Abro los ojos y un cuadro enmarca las olas y el atardecer, sobre una pared de mi antigua guarida en la ciudad de Córdoba. Muchas veces fantaseé que esa pared fuera de barro y que al mirar por la ventana pudiera ver una montaña. Una casa, una que aún no conozco, pero que sí imagino.
Descanso la vista y mi cabeza, que ahora cuelga de mi cuello y este a su vez de mi columna, con las piernas de cuclillas sobre el suelo rocoso transerrano, mi actual terruño. Esta multidimensión sobre estimuladora nubla mi pensamiento. Suspiro una nota al azar, canto y descargo…. Ah! No sé.
Facundo, mi compañero de caminata, me mira, me apura y a mi primer movimiento de recuperación mueve la cola celebrando mi vuelta a esta dimensión. De un salto retoma el camino de vuelta y yo decido seguirlo.
Si llegaste hasta aquí, ¡Gracias!
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Hasta el próximo Domingo Impar 🙂